Viaje adentro 1


                                                                     
-I- 
La mujer se encontró con el mar, ese día todo era calma horizontal y el sol acariciaba suavemente las colinas.

Ella sentía que le traspasaba la piel y que podía abarcarlo todo: se abrazó cerrando los ojos
y en un suspiro los abrió de nuevo. Se vio mirando el mar desde una ventana.
Volvió a suspirar y un viento helado salió de su garganta. El mar
se removió, las olas rompían la playa y azotaron
los ventanales. Se colaba el viento entre
las piedras, sus pupilas
dilatadas
reflejaron
con espanto el esqueleto
de la casa donde estaba: Las piedras apenas
podían aguantar el marco de la ventana, se sentía
como en las fauces de una ballena deshecha, varada. Se volvió
pequeñita del miedo, agarrada a una raíz de hiedra. Poco a poco la arena se fue
depositando en sus cabellos, en sus labios, en sus pies. Ella masticaba y masticaba... siguió mas-ti-can-do
cuando el viento paró y el mar volvía a murmurar, había construido un reloj, su tiempo. La arena se deslizaba de su
frente, primero suave, luego precipitándose, después frenando hasta llegar al suelo.

Mil granos de arena en un goteo desacompasado, sus ojos clavados en el horizonte impávido, en eterno


Silencio.

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